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La Vecina de Abajo

Mis aventuras con la vecina

26 Abril 2006

9

Adriana conoció a Gabriel en una fiesta de la prepa.
No eran grandes amigos, pero dentro del grupo se hablaban bien. En una fiesta jugando botella, Gabriel tuvo que besar a Adriana.
Dos años después, se casarían.

ADRIANA

Poco a poco se fueron dando las cosas, empezaron a salir, se hicieron novios, y todo marchaba bien.
Acabaron la preparatoria y la cena fue de gala. De vestido, tacones y escote, Adriana bailaba con Gabriel, quien debido a la euforia de la celebración, había tomado algunas copas de más. Al terminar la fiesta se fueron a un motel, emocionados, enamorados, eufóricos, tuvieron relaciones sexuales, y ahí, ella quedó embarazada.
El exámen de admisión a la universidad dejó fuera a Gabriel, a falta de un buen puntaje tendría que escoger entre ponerse a trabajar o entrar a una universidad privada, opción que quedó descartada casi de inmediato ya que no estaba seguro de poder costearla. Además, México tiene ya muchos ingenieros.

Adriana en cambio, fue aceptada. El día de las inscripciones, formada y con una tremenda sonrisa, le sudaban las manos empuñando su ficha y el dinero. En unos jeans entallados y una blusa café, pasó a la caja para pagar su inscripción, pero unas náuseas le impidieron avanzar. Ahí, frente a otras 200 personas, a medio camino de la fila y la caja, vomitó.
Su mamá, al verla regresar palida y mareada la llevó al doctor.
Esa misma noche la cena se pospuso debido a una discusión que terminó con la sentencia de la madre: Iba a haber boda.

Gabriel por su parte, sentía envidia hacia su novia por haber sido aceptada en la universidad. Dos veces canceló citas con ella argumentando petextos increíblemente fantasiosos, pero cuando ella llamó en la noche, él tuvo una sola palabra que decirle: "terminamos".

Finalmente, como sucede en estos casos, se casaron y el novio podía besar a la novia. Pero la novia no quería besar al novio.
La familia de Gabriel les consiguió un departamentito en un edificio cerca del centro, y él había entrado a una fábrica a las afueras de la ciudad donde fabricaban partes automotrices. Era apenas algo más que obrero, pero ahora ya no podía siquiera imaginarse estudiar. Tenía un bebé en camino, una niña.
Tal vez ese era otro detalle que le hacía soltar de vez en cuando comentarios como "tu panzota me estorba", "viejas tenían que ser" y cosas así.

Adriana fue a consulta al hospital universitario. Entraba al cuarto mes de embarazo y había estado sintiendo unos dolores muy fuertes en el vientre últimamente. Al parecer había complicaciones con la bebé, así que el doctor le mando unos estudios.
Triste, decepcionada, se dirigía a su casa pensando que su mamá tenía que saberlo, al fin y al cabo las mamás tienen la experiencia de los años y encontrarían una solución entre las dos, o al menos, eso se supone. Fue entonces que se topó con Gabriel, que no estaba en el trabajo, sino en el auto de una desconocida, besando pues, a la que no era tan desconocida al fin y al cabo.
Pelearon cuando él llegó a casa, estaba borracho y ella al borde del colapso. Ella le reprochó que le fuera infiel y él, le pegó en la cara. Se gritaron y otro golpe cruzó la cara de Adriana.
Salió corriendo y él tras de ella, gritándole que era su culpa que estuvieran en esa situación. La sujetó del brazo para golpearla de nuevo, pero alcanzó a soltarse y brincó a las escaleras, pero en el segundo mal paso de esa época, resbaló en el escalón y cayó rodando.

Cuando se incorporó, su entrepierna estaba sangrando.

Después de dos años, no había tenido el valor de divorciarse de Gabriel, hasta ese día, en que de nuevo la golpeó con un palo de escoba frente a todo el edificio.

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20 Abril 2006

8

Cuando besas la boca de la muer que amas, te sientes en las nubes, te mareas, te pierdes en algún lugar entre la lengua y las tripas y sientes que duran años. Sin embargo, cuando besas a alguien que no es la mujer que amas, pero no puedes dejar de pensar en ella, sientes una pelea de perros en el estómago y la sangre te hierve.
No me afano de haber engañado a mi esposa, y si acaso me ves en la calle y me tiras un golpe, estás en todo tu derecho. Pero si encuentro a Adriana en la calle, nadie me puede juzgar mal por detenerla y besarla. Todo el recorrido la besé, la abracé, mis manos apretaban sus muslos y las suyas mi nuca, y en ese encontrón, en mi mente sólo estaba la mujer que iba en el asiento de junto y cómo fue capaz de llenar el vacío que poco a poco se fue acomulando durante los años de matrimonio.
Que el amor es algo que se riega todos lod días, como la cursilería nos ha enseñado, es cierto. Pero también es cierto que el amor flaquece y se desgasta, por momentos mucho, a veces no tanto. Pero siempre, creo yo, se forman grietas en la relación que son imposibles de cerrar, y que sin embargo, Adriana borraba y me llenaba de vida.

Al día siguiente de la fiesta, se oyeron gritos por todo el edificio. Como normalmente sucede en situaciones así (y no es algo como para enorgullecerse) la bola de chismosos que se creó fue gigantesca, todos asomados desde los barandales del edificio para averiguar quién se estaba peleando, para después destrozarlo en las conversaciones "casuales" que se sucitaban entre vecinos.
Mi esposa se asomó y me dijo:
-Pobre muchacho, la bestia de su marido le está poniendo sus buenos guamazos.
Lo primero que me cruzó por la cabeza fue -Adriana-, y corrí a asomarme. Lamentablemente era cierto, estaba ahí Adriana, tirada en el piso de uno de los pasillos, y su esposo estaba frente a ella con un palo de escoba.
Y como si el tiempo pasara en cámara lenta, bajé las escaleras y detuve al sujeto quitándole el palo de escoba, que aventé lejos.
-¡Es una pinche puta! -gritó -se va de fiesta y regresa hasta la madrugada.
Todas las señoras lanzaron miradas acusadoras a Adriana, que tirada en el piso con la cabeza hacia abajo, dejaba ver como le chorreaba sangre de la nariz. Como si las miradas fueran latigazos extras de la concurrencia, se desplomó quedando desmayada en el piso.

Un muchacho llamó a la Cruz Roja y yo regresé a mi casa, pensando en que el golpeador aquél, que mantenía 2 casas, debería estar sangrando también, pero ante la mirada de todo el edificio, mi cabeza debería estar lo más fría posible.
Mi esposa se había incomodado un poco por mi llegada en la madrugada, pero no hubo mayor problema. Claro, no pude dormir pensando que había sido infiel, y que era un hipócrita ante mi esposa. En eso, y en el dulce sabor de los labios de Adriana.

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4 Marzo 2006

7

Conducía Raúl.
Su novia se llamaba o se llama Claudia.
Adriana y yo íbamos en el asiento trasero, pero yo estaba totalmente en shock. Sabía que le gustaba, por algo me había invitado, pero no sabía si ella dejaría que me acercara, o la besara...
Afortunadamente ella rompió con la incomodidad del momento platicando con sus amigos como me había conocido.
Ellos me hicieron platica también y la situasión se fue relajando.
Adriana estaba mucho más deshinibida en cuanto que se notaba muy alegre, haciendo comentarios graciosos, riéndose muy fuerte. Raúl se orilló y me dijo que le había caído bien, así que sacó de la cajuela unas cervezas. Brindando entre nosotros, nos dirigíamos a la fiesta.

Llegamos. Ya había mucha gente para entonces. Adriana me presentó con algunos de sus amigos y de repente ella se fue a platicar con una chava. Me quedé entonces en un pequeño grupo: Raúl, Daniel, Ulises y yo.
Entre pláticas de futból, política y otras tonterías, se fue como una hora. Yo volteaba a todos lados para buscar a Adriana, pero nunca la encontré. Raúl se me quedó viendo y se rió.
-No te preocupes, no se te va a ir
-Eso espero- contesté

Media hora después apareció. Me vió y soltó una carcajada.
-No me digas que eres el tipico macho que se pone a tomar mientras yo platico. ¿No me vas a sacar a bailar?
-Por supuesto que vamos a bailar!- le dije
Nos pusimos a bailar entre los demás. Sonreíamos, brincabamos y eramos complices de miradas, movimientos y de que algo había entre nosotros. Acabando una de las canciones me acerqué y la abracé.
-¿Te gustaría ser mi novia?-pregunté
Ella soltó una carcajada.
-No manches-contesto- ya estamos casados. Los noviazgos ya no son para gente como nosotros.
-No, pero aquí estamos, bailando, en una fiesta, sin nuestras parejas. Te estoy abrazando... no me digas que me invitaste porque no tenías con quien venir...
-No, claro que no. Me gustas mucho y me das mucha tranquilidad.
-Bueno, ¿entonces qué somos? ¿amantes?
Ella volvió a reir...
-No me gusta como suena eso. Ay Abel, pareces niño de secundaria. No necesitamos "ser" algo, lo que necesitamos es estar juntos. En esta fiesta, o en un café, o no sé, en otra vida.
Nos interrumpió un amigo de ella diciendo que se habían acabado el tequila y un grupo de chavas estaba por irse porque no tomaban cerveza. Nos pidió acompañarlo, y sin muchas opciones, asentimos.

Fuimos a un oxxo que estaba como a 5 minutos, y compramos un "Jimador". Adriana y yo entramos de la mano.
Saliendo le dije al cuate este que yo manejaba porque ya estaba medio mareado, pero insitió y se subió al coche un poco molesto. Me subi en el asiento de atrás con mi "loquesea" y arrancó.

Una calle antes de llegar a la fiesta, el tipo que manejaba se pasó un alto y le pegó a una camioneta que pasaba. Afortunadamente no hubo heridos, pero no nos ibamos a librar tan facilmente. Atrás de la camioneta venía una patrulla de tránsito. Nos pidió identificaciones a todos y amenazó con llevarse el coche al corralón. Traté de arreglarme con él, pero a nuestro chofer en vez de bajarsele el alcohol por el choque, parecía que era al revés, por lo que empezó a insultar al patrullero, como este no le hizo caso, se le acercó y le dió un golpe.
Unos 20 minutos después estabamos en la procuradoría.
Después de alegatos y una mordida que me dolió bastante, decidieron dejarnos ir a Adriana y a mí, mientras que su amigo tendría que pasar 24 horas entambado.

Ya era muy tarde, así que pedi un taxi para que la llevara a su casa.
-¿Puedo acompañarte o tengo que irme solo?
-Acompáñame, ya es tarde para que ande sola.
Ya en el taxi la abracé.
-Tenemos que estar juntos en algún momento-le dije.
Sonrió y cerró los ojos. No me resistí. Nos besamos los 10 minutos que duró el recorrido.

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10 Febrero 2006

6

Tenía yo una semana para prepararme para la fiesta. ¿Qué le iba a decir a mi mujer?, ¿Cómo podríamos guardarlo en secreto? y lo que mas me preocupara era sin duda que algo pasaría. Nos besariamos al menos. Y conforme se acercaba el día, me iba poniendo más nervioso y dudaba acerca de ir o no. Incluso no sabia si ella iría también.

Faltaban dos dos días para la fiesta. Yo habia estado paseandome por su departamento para encontrarla pero fue inutil. Hable con un amigo de la secundaria, que por cierto, tenia como 1 año de no hablarle y le pedi que me cubriera. No era mi gran amigo, pero era bien cabrón, el cabrón, así que no tuvo problema en decirme que no.

Un día antes, despues de que mi esposa se fuera a trabajar, subi por mi chamarra y mis cosas para irme también, cuando por las escaleras vi que Adriana salía del edificio. Corri abajo las escaleras hasta que la alcancé y le pregunté si seguía en pie la oferta.
-Ya te arrepentiste- me dijo
-No, sólo pregunto para saber si no te arrepentiste tú
-Nos vemos en el parque Juarez a las 9 de la noche, frente a la estatua de Benito
-Perfecto, ahí nos vemos- contesté y me despedí rápidamente.

¿Perfecto? ¡Era lo peor que me podía pasar!
¡Mi esposa trabaja enfrente del parque! Ok, sale a las 7 de trabajar, pero hay gente que se queda en la oficina, y el riesgo de encontrarse con un desconocido existía, tal vez no era muy alto, pero existía.
No podía echarme para atrás, era la oportunidad perfecta para ver a Adriana sin tapujos y darme cuenta si era capaz de hacerlo. Engañar a mi esposa no era el tipo de cosas que normalmente haría. No me sentia orgulloso, me sentía pendejo por otra.

Le comenté a mi mujer que saldría con unos "viejos" amigos, entre los que estaba mi amigo de la secundaria. Hizo como si se acordara, aunque no lo hiciera y me dijo que se alegraba porque mantuviera mis amistades. Cuantas personas dejan de frecuentar a sus amigos y conocidos por el trabajo, la familia, y lo frustrante que es después darse cuenta que no hiciste nada por seguirles la pista.

Era el día. Viernes, 8 de la noche.
Sali de casa una hora antes, según yo, para que nadie siquiera sospechara algo.
Faltaban sólo 10 minutos para las nueve. Estaba sentado en una banca del parque detrás de la estatua de Juárez. El corazón estaba a punto se brincarme del pecho, y tres cigarros no me habían calmado en lo absoluto.
9:10... se arrepentirá... lo sé, lo presiento...
9:30... ya se fue todo al carajo, voy a tomarme una cerveza y a largarme a mi casa.
Dos minutos más tarde, un bettle verde se paraba enfrente del parque. Manejaba un hombre y una mujer de copiloto. La puerta trasera se abrió y bajó Adriana, hermosa, perfecta. Una falta amarilla y una blusa muy ceñida al cuerpo, escotada sin mangas. Me saludó con un beso en la mejilla y me pidió perdón por llegar tarde.
-No te preocupes- dije, con cara de idiota, sorprendido de ver a una mujer así
-Mi amiga se tardó demasiado porque se peleó con su novio, pero ya hicieron las pases... la fiesta será en casa de él. ¿Nos vamos?
-Ajá, vámonos.

Me tomó de la mano y nos dirigimos al coche. Volteaba la cabeza para ver si alguien nos veía. Al parecer nadie, salvo el indito de Güelatao.

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29 Enero 2006

5

Perdón por no escribir tan seguido como quisiera, pero se me ha amontonado el trabajo y no habia podido escribir. Gracias por leer, la verdad no pense que nadie leyera esto, jeje. Pero no, no me ha madreado nadie y sigo con Adriana. Continuo donde me quede:

Segui acosando a Adriana con salir a tomar un cafe y ella me seguia diciendo que no. Una tarde, sin embargo, me armé de valor y no la invité, sino que fui a su casa con dos tazas llenas.
Se sorprendio, y tras pensarlo un minuto me dejo entrar. Era la primera vez que entraba a su casa y no era como me la imaginaba. Cosas tiradas, una television con la pantalla estrellada, una mesa con una silla enfrente. No se porque me la imaginaba un poco más acogedora.

Nos sentamos a platicar un rato. Para entonces la quimica que yo sentia con ella era muy buena y cada vez me estaba "clavando" más y más.
Una hora despues me dijo que ya era hora de que me fuera pues su marido no tardaria mucho en llegar. Eran como las 6:30. No discutí, asi que agarré mis tazas y me dirigi a la puerta.

-Quiero verte otra vez.
-No abel, no empieces- dijo con algo de coraje en la voz
-Parece que te molesto mucho, entonces
-No, no es eso, pero, mi marido es muy agresivo y no quiero que tengas problemas con tu esposa.
-¿Te ha pegado verdad?-pregunté molesto
No me dijo nada y yo abri la puerta. Me asomé al pasillo y volví a cerrar. Me acerqué a ella y la besé por primera vez. Sosteniendo su nuca queria yo entrar por su boca.

Cuando nos separamos ella emitió un largo suspiro y me dijo:
-Dentro de una semana voy a ir a una fiesta con unas amigas. si quieres vamos.
-Te veo en una semana-contesté y salí de su casa.

Iba subiendo las escaleras mirando el reloj. Llegué al piso de mi departamento y me asomé por el barandal. Su marido iba subiendo ya; entré a mi casa y me reí con tanta fuerza y tan contento que yo creo que todo el edificio me escuchó.

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10 Noviembre 2005

4

Miercoles en la mañana.
Ya es tarde para irnos a trabajar y mi esposa esta de malas. Normalmente trato de calmarla para evitar discusiones, o acabo discutiendo tambien, jejeje, pero esa vez por las prisas, ni lo uno ni lo otro. Ella enojada porque ya es tarde empieza a discutir conmigo y yo no le hago caso, pero lo unico que consigo es hacerla enojar mas y al final nos gritamos y ella sale corriendo a tomar un taxi, cuando normalmente tomamos juntos el camion.

"Ese tipo de cosas pasan" pienso, y entro a cepillarme los dientes.
Salgo con poco tiempo, pero no tan retrasado como mi esposa insinuaba.
Baje a prisas las escaleras y me tope con Adriana. Habian pasado al menos tres semanas desde la ultima vez que la vi. Nos saludamos sin muchas ganas de platicar y continue mi camino.
Llegando a la puerta del edificio, un pensamiento me detuvo de golpe. Regrese corriendo las escaleras y toque su puerta. "Si me abre su marido le digo que... que... bueno, algo le digo".
Pero abrio ella. Recien bañada por su cabello mojado, y sorprendida de que la visitara.
-Te invito un café- dije de golpe.
-Un cafe... no se si sea buena idea... si nos encontramos a algun conocido...
Me quede en silencio un segundo tratando de imaginar los lugares donde nos encontrarian facilmente y tratando de buscar alguno donde no.
-Te invito al cine. Hoy es 2X1 y se donde podemos ir tranquilos -dije despues de un rato.
-Jejejeje. Hace años que no voy al cine- contesto.

Quedamos de vernos directamente en el cine a las 5 y ya ahi decidiriamos que pelicula ver.
Llego media hora tarde.

Entramos a ver "La guerra de los mundos". Nos divertimos mucho, reimos mucho y ambos nos tranquilizamos. Hay un pequeño cafe frente al cine, asi que cuando salimos le invite uno y acepto. Platicamos de nada, solo queriamos perder el tiempo juntos.
Empezo a llover y decidimos regresar cada quien a su realidad, y antes de pedirle un taxi le dije que queria verla otra vez.
-No se si sea buena idea Abel. Me la paso muy bien contigo, pero ni tu dejaras a tu esposa para vivir conmigo, ni mi esposo me dejara a mi.
-No me importa- conteste incomodo- Quiero verte, no quiero que pasen semanas para verte a escondidas.
-Dejame pensarlo. Necesitamos pensarlo con la cabeza bien fria y... bueno, mejor ya me voy. Tengo que preparar la cena.
Paro un taxi y abrio la puerta.
-No creas que no me interesas- me dijo
-¿Te intereso? ¿De que forma?
Suspiró y meneó la cabeza. Me dio un beso en la mejilla y se subio al taxi.

Yo tome el camion y me sente hasta atras.

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10 Noviembre 2005

3

Vaya que estaba haciendo calor ese día.
Mi esposa había regresado de su trabajo desde hace algunas horas y se habia recostado. Es que cómo da sueño el sol.
Eran como las 5 de la tarde. Yo regresaba ya de mi trabajo y el olor que se habia concentrado en el autobús era horriblemente apestoso, ni siquiera con las ventanas abiertas se escapaba el tufo de estudiantes, hombres, mujeres y ancianos que provocabamos, ibamos amontonados como reses y hartos de todo. A mi me daba risa la actitud de un chavo como de 16 años que iba sentado junto a la ventana y en el asiento de junto, había puesto su mochila como si estuviera apartando el lugar, o peor aun, como si su mochila estuviera cansada. Una actitud estupida, ya que una señora embarazada iba parada frente a él.
El caso es que mi esposa y yo habiamos estado ahorrando durante años y a base de miles de sacrificios, el mes entrante ibamos a comprarnos un coche, aunque fuera un vocho, porque viajar en micro era cada vez mas dificl.

Estaba a punto de bajarme en la esquina de nuestra calle. Toque el timbre y el chofer medio se paro, pero estaba apenas deteniendose cuando ella subio al camión. No quise pensar que era casualidad, mas bien que ella me estaba esperando, bueno, eso quise pensar, aunqe fuera medio tonta la idea.
-¡Adriana! ¡que casualidad!, ¿adónde vas?- le pregunté tratando de no ponerme nervioso.
-Hola! Voy a comprar algunas cosas al oxxo- contestó.
-¿Al oxxo? si el oxxo esta a dos calles de aca
Se me quedo viendo un poco molesta y ya no quise preguntar más.
-¿Te molesta si te acompaño?
-No, claro que no -y su rostro cambio a esa sonrisa que me habia puesto nervioso la primera vez.

Realmente no fuimos a ningun lado. Nos sentamos un asiento antes del ultimo y platicamos. Platicamos y platicamos de cualquier cosa, le conte de mi esposa, como la habia conocido, como nos casamos y la tristeza que senti el dia en que el doctor nos dijo que no podiamos tener hijos debido a un problema que tiene ella.
Ella me platico de su esposo, de su noviazgo con el, y de como el habia cambiado desde el dia en que se casaron. El parecia amarla demasiado, hasta que se entero de que estaba embarazada. Se casaron, a fuerzas y en el 4 mes de su embarazo, ella tropezo en las escaleras del edificio y se cayo. Llego al hospital a que le atendieran el sangrado, el bebé murió instantaneamente.
En ese momento tocó fondo, su marido se habia vuelto un borracho amargado que se acostaba con la primer puta que se le atravesaba. Ella habia empezado a trabajar medio tiempo en una tienda de abarrotes cerca del mercado.
Así nos dieron las 8 de la noche.

El micro habia llegado a su base y habia regresado toda la ruta.
Ahora ibamos de regreso a nuestro edificio. Ella no me lo habia comentado, pero yo sabia que no queria llegar a su casa porque se habia peleado con su esposo. Mi esposa estaria ya preocupada porque yo debia de haber llegado hace al menos dos horas, pero en ese momento no lo queria pensar, ¡Me la estaba pasando muy bien con Adriana!

Nos detuvimos en la puerta del edificio.
-Tu esposa debe estarte esperando- me dijo
-Sí, creo que sí
-¿Qué le vas a decir?
-No sé... que estaba trabajando o algo así
-Bueno, entonces te mereces un acenso -me dijo y sonrio- haz trabajando muy bien esta tarde.
Me apretó el brazo y subió corriendo.

Como en las películas, esa noche dormí en el sillón.

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10 Noviembre 2005

2

Desde ese día quede impactado por su actitud tan despreocupada.
Pasaron varios días y no la volví a ver hasta que mi esposa y yo nos la encontramos con su marido en las escaleras.
Nosotros llegábamos de comprar algunas cosas para la despensa en el Wall-Mart, y ellos iban saliendo, pero iban discutiendo.
Pasaron muy rápido y no alcancé a escuchar bien lo que decían, pero algo distinguí acerca de que él la maltrataba. Dentro de mí sentí cierto grado de preocupación al pensar que la golpeaba.

Su esposo era de complexión media, un poco más alto que yo, moreno y de cabello corto.

Mi esposa empezó a desempacar las cosas y me dijo que había olvidado comprar cerillos.
Me miró con cara de ruego para que fuera a la tienda. Sin ganas, pero sintiendome obligado, salí del departamento.

Llegué a la tienda, y al entrar me topé con ella.
-Hola -La saludé como si no me hubiera dado cuenta del pleito.
-Hola -contestó, todavía un poco molesta.
Compré los cerillos y ella sacó un cigarro de su chamarra. Inmediatamente prendí un cerillo para su cigarro. Me quedé como en shock... me estaba causando una obseción tremenda.

-Gracias... cómo te llamas? me dijiste...?
-Abel -Contesté. -Ya me voy a mi casa, nos vemos....
-Sí, vámonos -me interrumpió.

La tienda está a media cuadra del edificio, y no dijimos nada rumbo a él.

-Perdón que gritaramos tanto mientras subían -dijo- seguro todos nos oyeron.
-No creo... tal vez sólo los 6 primeros pisos- contesté tratando de hacerme el gracioso.
Sonrió meditabunda.
-Ella es tu esposa me imagino -vaciló un instante y continuó- es guapa.
-Gracias
-No debería dejar que anduvieras solo por la calle. Te vayan a robar - y sonrió de nuevo, pero maliciosamente.

Llegamos al piso de su departamento y se despidió sin voltear a verme y sin esperar respuesta.
-Oye -y cómo me arrepentí después de decirlo- si tienes algún problema... o algo... con confianza, eh?
-Gracias Abel. Me agrada escuchar eso. A veces hace falta alguien que te escuche sin sentirse dueño de ti.

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Hola. Me llamo Abel. Soy Ingeniero civil, y trabajo en una pequeña empresa en Puebla. La vecina que vive abajo de mi departamento es mi debilidad. Escribo en este espacio acerca de mis aventuras con ella. Bienvenidos. Creative Commons License
Mi blog tiene una licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 Mexico . Así nomás yo puedo meterme con mi vecina.

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